El mal estado de los alimentos puede afectar negativamente a nuestra salud. Saber cuando es mejor deshacerse de ellos nos ayuda a evitar más que una simple indigestión.
Antes que todo hay que diferenciar entre la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente: la fecha de caducidad de los alimentos está legislada por ley, mientras la del consumo preferente la dictamina el mismo fabricante. Pero, ¿cual es la diferencia entre las dos?
La fecha de caducidad se indica en aquellos productos perecederos que pierden su calidad higiénica y pueden provocarnos un problema de salud, mientras la fecha de consumo preferente indica que el alimento pierde sus cualidades nutrientes (principalmente las vitaminas) o sensoriales (sabor, color, aroma o textura). Sin embargo, hay que recordar que la fecha de caducidad es valida siempre cuando el alimento se mantenga en las condiciones de conservación señaladas en el envase. De misma manera, si un producto es fresco, no se puede romper la cadena de frío indicada en tales productos. Los que suelen resultar más problemáticos para la salud son los productos de origen animal y sus derivados, ya que contienen muchas proteínas, un pH intermedio y alta cantidad de agua, todos factores que fomentan la multiplicación de microorganismos.
El calor es una de las herramientas para evitar la proliferación de bacterias que pueden ser nocivas. Por eso es recomendable no solamente calentar un producto, sino esperar que hierva antes de consumirlo.
Vamos a ver algunos casos específicos para establecer si podemos o no ingerir el alimento:
Verdura: para asegurarnos que la verdura está en bueno estado la pieza tiene que estar entera, sana, sin humedad, y sin olores o colores extraños. Si vemos algo raro, debemos desechar toda la pieza o la parte afectada.
Yogur: uno de los alimentos que mas dudas provoca; los fabricantes suelen marcar como caducidad los 28 días después de su fabricación. Eso no quiere decir que sea peligroso para nuestra salud, sino que a partir de esa fecha, el producto será mas acido, por ejemplo, pero es apto para el consumo hasta las 5 semanas posteriores a su fabricación.
Salsas: lo que influye en la conservación de las salsas es la oxidación que provoca el oscurecimiento de sus pigmentos, cambiando su aspecto. A veces simplemente hay que eliminar la parte superior que se haya secado, aunque hay siempre que taparlas bien, no dejarlas al aire libre y comprar un tamaño adecuado a nuestras exigencias.
Zumos: una vez abiertos se conservan unos 3/4 días. A partir de ese momento empiezan a fermentar por lo que al tomarlos, podemos percibir un sabor ácido del liquido.
Pescado: el pescado está apto al consumo cuando los ojos son brillantes, las escamas están bien adheridas a la piel, las agallas tienen un color entre rosa y rojo brillante y huelen a mar. También es muy importante mirar que no hay anisakis, un parasito presente en algunos peces que puede afectar a las personas si el pez no está tratado de la manera adecuada (cocinado o congelado).
Huevo: en la Unión Europea se denominan huevos frescos aquellos que se consumen dentro de los 28 días desde la puesta de la gallina. Para saber si un huevo está en buenas condiciones se puede hacer un sencillo experimento; llenar un bote con agua e introducir el huevo: si se hunde se puede consumir, si no se hunde mejor tirarlo.
Carne: la carne debe ser firme y elástica, de color rojizo o rosado (dependiendo del animal), brillante en el corte y sin que haya liquido viscoso u olores desagradables, que indicarían un cierto estadio de putrefacción.
Fuente: Dietética y salud
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sábado, 16 de marzo de 2013
sábado, 27 de octubre de 2012
Alimentos que es necesario evitar en algunas de las alergias alimentarias más frecuentes.
Alergia a la leche
Todos los derivados lácteos (yogures, quesos,
mantequillas, cuajadas, natillas, helados, margarina que no sea vegetal 100%,
leche fermentada, suero de leche).
Pastelería y bollería.
Pan de molde, baguettes.
Caramelos, chocolate con leche y sin leche, cacao en
polvo, turrones, cremas de cacao, etc.
Algunos potitos, papillas, cereales.
Batidos, zumos, horchatas.
Cubitos de caldo, sopas de sobre, fabadas, cocidos y otras
conservas, caldos deshidratados.
Algunos embutidos, jamón de york, salchichas.
Alergia al huevo
Huevos y derivados.
Sopas, caldos o consomés clarificados con huevo.
Rebozados y empanados con huevo, caseros o precocinados.
Pasteles, galletas, bollería, hojaldres, empanadas,
empanadillas, etc.
Caramelos, turrones, batidos.
Flanes, cremas, helados, merengue, natillas, margarinas,
yogures.
Fiambres, embutidos, salchichas comerciales, patés u otros
derivados cárnicos, ya que pueden
contener huevo.
Mayonesas y otras salsas, cremas para ensaladas, pastas al
huevo y de sémola.
Pan rallado y pan horneado con clara de huevo.
Alergia al pescado
Pescados, guisos con pescado y caldos concentrados de
pescado.
Harinas de pescado, aceite de pescado.
Derivados del pescado: surimi, palitos de cangrejo.
Productos enriquecidos con omega 3 o aceite de pescado.
Si también hay alergia al marisco: moluscos y crustáceos.
Alergia a las
legumbres
Todas las legumbres (mientras no se demuestre la
tolerancia a algunas de ellas).
Lecitina de soja.
Alergia a los frutos
secos
Todos los frutos secos, mientras no se demuestre su
tolerancia.
Postres, tartas y bollería industrial.
El pan de hamburguesa.
Leche y pasta de almendras.
Turrones, polvorones, mazapán.
Guisos con frutos secos.
No consumir nada enriquecido con Omega 6.
AESAN – Agencia Española
de Seguridad Alimentaria y Nutrición
Alergias e Intolerancias alimentarias
Algunos alimentos pueden provocar reacciones adversas en
un pequeño porcentaje de la población. Sin embargo, no todos los problemas que
causan los alimentos son alergias.
Se pueden consumir pequeñas cantidades del alimento
o del componente alimenticio, sin que se den síntomas.
Casi cualquier alimento que contenga proteínas
puede causar una alergia alimentaria, pero algunos las originan con mayor
frecuencia en los niños: leche de vaca, huevo, pescado, marisco, leguminosas,
cereales, frutas frescas, frutos secos.
Sólo un 2% de los adultos y un 3-7% de los niños presentan
realmente alergias. Se puede diferenciar entre alimentos que causan alergias alimentarias
y alimentos que causan intolerancias alimentarias.
Alergias
Interviene el sistema inmune frente a un componente del
alimento (alérgeno) que es de naturaleza proteica. Puede estar causada por la
creación de anticuerpos (alergia inmediata, mediada por anticuerpos IgE) o de
células (alergia tardía o no inmediata), cuyo principal exponente es la
enfermedad celíaca.
Síntomas de la alergia inmediata:
- Menos graves (y
más frecuentes): Piel: urticaria, enrojecimiento de la piel, hinchazón de
labios y párpados, dermatitis.
Digestivos: vómitos, dolor cólico, diarrea, picor de boca
y garganta.
Aparato respiratorio: rinitis, asma.
- Más graves: reacción anafiláctica, que afecta a varios
órganos y sistemas. La manifestación más grave es el shock anafiláctico que
puede resultar mortal.
Tratamiento: eliminación completa de la alimentación del
agente causante.
Intolerancias
El organismo no puede asimilar correctamente un alimento o
uno de sus componentes.
No interviene el sistema inmune. Ejemplos característicos
son la intolerancia a la lactosa y las intolerancias a otros azúcares, o la
intolerancia a algunos aditivos, como los sulfitos.
Síntomas: son similares a los digestivos causados por las
alergias inmediatas: Náuseas, diarrea y dolor abdominal.
Alimentos que causan
alergias
Alergia a la leche: Causada por la caseína, la lactoglobulina y la
lactoalbúmina. Los síntomas más comunes son preferentemente cutáneos, pero
también digestivos, como vómitos y diarrea.
Pueden variar de unas personas a otras. No confundir con
la intolerancia a la lactosa, en la que se producen diarreas debido a la
incapacidad de digerir este componente de la
leche.
Alergia al huevo: Se debe a una reacción alérgica provocada generalmente
por la ovoalbúmina y el ovomucoide, proteínas características del huevo que
están presentes en la clara.
Alergia al pescado: Debida a las proteínas musculares del pescado. Se debe
poner especial cuidado en los productos enriquecidos con omega 3 o grasa de
pescado que pueden contener pequeñas
cantidades de proteína.
Alergia a las legumbres: Tienen gran capacidad de producir reacción
alérgica. En general todas son alergénicas, especialmente las lentejas y la
soja. En la industria alimentaria se usan gomas de leguminosas como espesantes
(goma guar, garrofín).
Cereales: Además de su importancia en la enfermedad celíaca, puede
producirse alergia inmediata a cualquier tipo de cereales. Sin embargo, es
menos frecuente que a otros vegetales.
Alergia a los frutos secos: Los cacahuetes y las almendras
tienen un elevado riesgo de provocar un shock anafiláctico, aunque si es leve
sólo produce nauseas, dolor de cabeza e inflamación de labios y lengua. Pueden
producir síntomas incluso por un contacto mínimo con la piel.
Medidas de
prevención
Leer siempre los ingredientes de los alimentos que se
vayan a utilizar en la preparación del menú, teniendo cerca el listado de
sustancias a las que se es alérgico/intolerante para comprobar las etiquetas.
Cocinar primero la comida del alérgico para evitar
contaminaciones y contactos. Manipular cuidadosamente los utensilios (mejor si
son exclusivos para el alérgico). No usar el mismo aceite o plancha para
cocinar. Higienizar todas las superficies de trabajo. Cuidado con alimentos
como masas, bechamel, caldos para sopas y sopas, pan rallado. Eliminar totalmente el alérgeno de la dieta,
tanto el alimento en sí como los distintos productos que lo puedan llevar como
ingrediente. Ante la duda, no tomarlo.
Tener cerca la medicación oportuna, especialmente en casos
de alergias muy graves.
En el caso de los niños aportar el certificado médico en
el comedor escolar para evitar confusiones e
informarse del menú que va a consumir.
AESAN – Agencia Española
de Seguridad Alimentaria y Nutrición
Etiquetas:
aditivos,
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